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fonendoscopioLa vida siempre nos va marcando un camino, y nosotros como seres libres hechos a imagen de Dios tenemos el poder de la elección.

Lo que aquí voy a exponer es sobre la dualidad víctima-maestro.
Cuando se presenta una enfermedad degenerativa en este caso del sistema nervioso central, aunque es aplicable a cualquier enfermedad grave o crónica; se cae primero en un shock, no se cree que realmente esa situación sea a ti a quién esté pasando, esto fue lo que me pasó, después de 22 días de un intenso estrés debido a causas familiares, tuve un agotamiento mental, emocional y físico que se tradujo en un rompimiento interno desarrollando lo que llevaba dentro, una esclerosis múltiple.

Ingresé de urgencias en el hospital, la mitad de mi cuerpo de arriba abajo, la sentía dormida, sin reaccionar, iba asustada, intentando pensar que era a causa de todo el cansancio que llevaba arrastrando, y que pronto estaría bien, más dentro de mi se empezó a forjar una gran lucha con todos mis temores de enfermedades imaginables e inimaginables, a medida que realizaban las pruebas que sufrí en el tiempo que estuve allí y posteriormente.

¿Por qué? ¿Por qué yo? Mis tres hijos mayores en edad adolescente podrían salir adelante, pero mi hijo pequeño de tres años y medio, era quién más necesitaba una madre sana y no una inválida.

Después de una semana de hospital, sometida a toda clase de pruebas, volví a casa; todavía en shock, agotada y muy mareada, al llegar me encontré con una familia esperándome ansiosa y con grandes esperanzas que me fuera a recuperar pronto.

Pasaron los días y por fin me diagnosticaron lo que tanto temía, esclerosis múltiple, pasar al estadío de víctima fue lo siguiente y es ahí dónde la mayoría de las personas se estancan, perdiendo la fe, la fe en Dios, en los médicos, en la ciencia y consecuentemente revelándose a Dios o a la vida.

Se empieza entonces la interminable lista de preguntas sin respuesta, ¿Cómo ocurrió?
¿Qué hice mal?, ¿Por qué yo?, ¿Realmente existe Dios? ¿Y si existe por qué lo permite?
¿Cómo puede amarme?

Preguntas y más preguntas, noches en vela llenas de lágrimas y de angustia, pensamientos tenebrosos y aterradores, ilusiones truncadas, pensamientos de impotencia y sobre todo miedo, miedo a acabar en una silla de ruedas, miedo a ir muriendo poco a poco, miedo al abandono, miedo a la soledad, miedo al miedo, luego la nada, el vacío, para volver de nuevo a esa rueda interminable de preguntas, promesas, miedos…

Ya afincados en ese papel de víctima se pasa a una aceptación con o sin esperanza, pero en total desolación interna.

Pasa el tiempo y parece que la vida empieza a dar señales, señales de un cambio, de un nuevo resurgir que propician un despertar que en muchas personas (a mí me pasó), empezó a tomar fuerza para ir pasando de víctima a maestra.

La enfermedad provocó que tuviera que abandonar mi trabajo, la enseñanza del Inglés (me sentía incapaz muchas veces de recordar debido a los cortes de la mielina, la cual produce las conexiones entre neurona y neurona). Una puerta a mi pesar se cerraba mientras otra se abría, empecé a involucrarme en estudios (al principio con gran dificultad, pero al estudiar para mi sorpresa me di cuenta que mi cerebro estaba creando otras redes en las neuronas) relacionados con mente-alma que me fueron sosegando y despertando a otras realidades.

La vida, Dios me guió hacia otros lindes llenos de ilusión y esperanza; la medicina tradicional por un lado en la seguridad social me empujaba a tomar interferón (medicamento fortísimo que evita los brotes pero al mismo tiempo espada de doble filo), por otro en la privada me animaba a ser conejillo de indias para un experimento a nivel Europeo en la investigación sobre la esclerosis múltiple, yo opté por la senda del medio, me dediqué a buscar otras vías diferentes sabiendo el gran riesgo que corría porque con cada brote podría quedarme invalida, ciega o ambas y contra viento y marea seguí trabajándome (me tacharon de loca, arriesgada e inconsciente) pero dentro de mi, una fuerza iba creciendo a medida que los bloqueos iban desapareciendo; sin embargo utilicé los parches que se me ofrecían cuando ingresaba en el hospital con nuevos brotes utilizando la cortisona, mientras encontraba mi sanación.

De esa manera mi intuición me fue llevando poco a poco a realizar una serie de cursos basados en el cuerpo-mente: (todos ellos entre brote y brote) donde encontré los pilares de mi sanación y de una nueva terapia que ahora practico con los enfermos.

Estos pilares son: El dominio de la mente, la superación del miedo, la perseverancia, la paciencia, la coherencia, el vivir en el presente y sobre todo el amor a Dios, a mi misma y a los demás.

El dominio de la mente fue una de las tareas más difíciles que tuve que lidiar, yo siempre me había considerado una mujer muy positiva pero me costó tiempo y esfuerzo en visualizarme bien, me daba cuenta que tenía como una daga clavada en mi cuerpo la idea que la esclerosis múltiple era incurable, tuve que aprender a relajarme y darme espacios de salud, literalmente luchar por no pensar en enfermedad sino en salud.

Crear ese tipo de pensamiento entre la gente que me rodeaba fue otro obstáculo a veces infranqueable, porque me repetían sin cesar que no había curación, gracias a Dios al entrar en las terapias alternativas ese concepto no era aplicable y a esos cursos que realicé me agarré como una lapa, convirtiéndome así en una persona perseverante y paciente (yo la nerviosa e impaciente).

Encontrar las flores de Bach, fue otro gran descubrimiento, al ir sanando de forma sutil y gradual mi cuerpo emocional, dañado por la falta de valoración hacia mi persona, el amarme a mi misma fue otro bloqueo que me tocó lidiar, me habían enseñado a amar a los otros, anulándome a mi misma, no dándome los espacios que todo ser humano hombre o mujer necesita.

Esa valoración se me fue dando también con otros cursos relacionados con la mente como por ej. P.N.L, Psicoanalogia y Regresiones a través de ese aprendizaje fui sanando mi forma de pensar e incluso ciertas creencias muy limitantes que arrastraba desde mi infancia.

De un curso iba a otro, buscando siempre la sanación y una vez que me iba sanando la posibilidad de ofrecerla también a otros, todo esto me dio la coherencia que necesitaba  para vivir la vida que día con día elegía y para poderla realizar en el ahora.

Como curso base para mi curación, fue la Sanación Silenciosa, en él pude desbloquear mi capacidad sanadora y sirvió como complemento de mi desarrollo personal; años antes había tenido una experiencia ayudando a una señora que padecía de ciática, no me sentí preparada para luchar por ese talento que yo misma ni entendía, bloqueando consecuentemente mi energía. Fue mi maestro, Simón de la Flor, creador de esa terapia el que me indicó que en parte mi enfermedad era debido al bloqueo que yo misma había creado al negar mi capacidad sanadora.

Curiosamente ahora me ha tocado durante mis terapias, indicar a algunos de mis pacientes, de sus respectivos talentos sanadores. La vida es una rueda y cuando salimos del engranaje, se necesitan toques desde arriba para que volvamos a lo que venimos hacer, nuestra misión.

Superar el miedo a la muerte, me ayudó a dar un salto cuántico con todo lo que me rodeaba, cuando caía una y otra vez en cama con brotes, hubo un momento que ya no me importó morir, deje de luchar y fue precisamente cuando dejé la lucha cuando recibí un gran consuelo desde arriba y empecé a experimentar la gracia del presente, de vivir en el ahora, a estar más receptiva al sonido de la naturaleza, el susurro de los árboles, el canto de los pájaros que cada día oía desde mi ventana, las visitas de mi marido, hijos y amigos cobraron otro sabor, ya no exigía que estuvieran conmigo sino que cuando estaban, disfrutaba de su presencia.

Fue entonces cuando me ser hizo el cambio de victima a maestra.

Empecé a vivir en el ahora, sin juicios, simplemente viviendo y sentí un corazón agradecido, dándome cuenta que gran parte o toda de mi sufrimiento estaba en mis proyecciones del pasado o del futuro.

Desde entonces centrar mi mente es para mi una tarea continua, me doy cuenta que cuando sufro es porque vivo en el pasado o en el futuro proyectado del pasado. Muchas veces cuando surgen dificultades y me veo arrastrada por emociones negativas, tengo que parar y mirar mi vida, es entonces cuando la veo como un maravilloso tapiz, pero si le doy la vuelta lo veo lleno de nudos, estas crisis cobran así un valor totalmente diferente y todo esto me hace entender que mucho de mi sufrimiento es cuando no dejo fluir a mi ser, mi Cristo interior e irremediablemente estas tensiones cotidianas sin encauzar, son las que llevan a la enfermedad.

Profundizar en los valores espirituales ha sido para mí fundamental en mi evolución como ser vivo; aparte de la relajación, la meditación y la oración forman parte de mi salud corporal y espiritual y poder llegar al encuentro con el Amor de Dios ha sido la clave para mi total recuperación. Durante todo este cambio hacia la sanación, las palabras de Cristo se repetían en mi sin cesar, una y otra vez “Pedid y se os dará, buscad y hallareis”.

A consecuencia de todo este trabajo, me fui encontrando con mi auténtico ser lleno de Amor que en realidad fue quién me sanó a través de lo antes mencionado la paciencia, la coherencia y la perseverancia convirtiéndome así en una Maestra, llena de salud, alegría y agradecimiento a Dios y a todas las personas, familiares y amigos que a lo largo de esos seis años y once meses que duró la enfermedad, me apoyaron, ayudaron y sostuvieron en todo mi proceso hacia la curación.

M. José Belén Pérez G.

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