| 04 Marzo 2010
Posted in
Opinión
¡Es tan bello saberse parte del otro sin abandonarse a uno mismo!
En un mundo tan reacio a mirar hacia dentro y hacernos vivir hacia fuera, creo que es importante pararse para cuestionarse cómo reacciono YO ante la vida, ante el mundo. De qué está compuesta mi personalidad, mi interacción con los demás. ¿Cómo soy?
Hay etapas de la vida que nos impiden pararnos a analizar estas cuestiones. Es en estas etapas donde mostramos un YO que es real y responde a un modo de ser ante unas circunstancias. Pero, ¿qué ocurriría si ese YO se parase, sufriese un cambio espacio/tiempo y pudiese pararse a conocer ese mundo interior que no acababa de calar en sus sentimientos? Porque conocerse es sin más, conocer esos sentimientos que nos llenan ante la vivencia de experiencias que a veces no tenemos tiempo de asimilar.
Es ese tiempo el valorable para hacer una parada y conocer ese poquito de mi YO que se va mostrando lentamente a medida que interaccionamos con los demás. Por supuesto, también con nosotros mismos. Pero es en ese momento en el que tendemos a juzgarnos. Es verdad, estamos influenciados por la visión que las personas que nos rodean tienen acerca de nosotros y es debido a ese entorno, al plano social, a sus influencias, muchas veces, al que nos apoyamos para forjamos esa personalidad de la que hablaba al principio, donde no hay cuestionamientos acerca de nosotros mismos. Es sólo un estado. Algunas personas no salen nunca de él y simplemente nos sirven de una manera práctica.
Sin embargo, existen otros grupos que se han parado a querer saber de ese YO personal que conforma nuestra personalidad. Estas personas para avanzar necesitan el conocimiento pleno de cómo interactuar, porque les preocupa el espacio del otro ya que quieren respetar el suyo propio. No es una cuestión difícil. Es una cuestión de tiempo.
Cada uno debe aplicarse las normas que le funcionen. Cada uno estamos en un proceso de aprendizaje. Cada uno queremos estar en ese plano real de sentir nuestras emociones o nuestra paz de una forma concreta e individual.
Eso sí, yo recomiendo que se comparta. ¡Es tan bello saberse parte del otro sin abandonarse a uno mismo!
Saludos a todos y especialmente, en esta ocasión a los “sobre encontrados”
Cristina Almarcha

















